La Revolución Mexicana y sus Antecedentes: El Porfiriato

Porfirio Díaz

Porfirio Díaz

Elisa Speckman Guerra nos dice que el Porfiriato abarca los años de 1877 a 1911. Inicia con su primer mandato presidencial tras haber derrotado a los lerdistas e iglesistas y concluye tras haber empezado la revolución. En tres ocasiones participo por la presidencia siendo derrotado las primeras dos por Juárez y Lerdo respectivamente. Se levantó en armas desconociendo los resultados mediante el plan de la Noria (1871) y el plan de Tuxtepec en (1876). En ese punto rechazaba el poder excesivo del presidente, se oponía a la reelección y pugno por educir las facultades del ejecutivo y en cambio fortalecer los gobiernos estatales. Con el apoyo de caciques, militares desplazados por gobiernos ateriores, pueblos, campesinos y grupos urbanos que lo creían capáz de terminar con el estado en guerra, en 1876 entra triunfante a la Ciudad de México y en 1877 ocupa la presidencia tras una victoria electoral. En este primer mandato, dice Speckman, Porfirio respeta y fomenta la bandera anti reeleccionista. Al terminar el mandato de su sucesor y compadre gana un segundo mandato (1884-1888). Durante este y a travéz de una reforma constitucional permite la reelección inmediata que le vale para su siguiente periodo (1888-1882). En 1890 se elimina la restricción a la reelección y en 1903 el periodo presidencial se amplía a seis años. Ella divide su mandato en dos etapas más los años de crisis.

La primera etapa comienza con su primer periodo y termina en el inicio del tercero. Este contemplaba varios retos. El primero se presentaba con la carta magna que contemplaba una sociedad de individuos ante la ley cuyos derechos eran garantizados y les era encargada la labor de elección. También dividía a los poderes y separaba a la iglesia del Estado. Sin embargo se veía obstaculizada por la guerra entre los defensores y detractores de la misma. Además esta no favorecía al ejecutivo; para algunos distaba mucho de la realidad del momento. Speckman dice que de hecho faltaba mucho para la consolidación no de las prácticas contempladas por la constitución. Tampoco existía identidad nacional las fronteras eran permeables y existía el peligro latente de una intervención extranjera. El reto consistía en contrarrestar todo esto. Tomó dos caminos: la conciliación y la represión. Atrajo viejos opositores como es el caso de lerdistas e iglesistas y liberales de trayectoria militar, política o intelectual. Así unifico facciones liberales, imperialistas y a la iglesia católica. A la debilitada institución eclesiástica le permitió recuperar propiedades y que reinstalara el clero regular que correspondía a la educación, atención a enfermos y a menesterosos, áreas que difícilmente podría llenar el gobierno con recursos propios. Su relación con campesinos, caciques y líderes regionales fue variable y compleja. A algunos les respeto su autonomía mientras en otras no detuvo la fragmentación ni la colonización. También busco que los gobernadores y caudillos le fueran leales mediante la recolocación en el gobierno. A demás obtuvo el reconocimiento internacional de Francia, Inglaterra, Alemania, Bélgica y Estados Unidos. Por el otro extremo de sus métodos utilizo a la policía y el ejército para detener rebeliones en Sonora y Yucatán, asaltantes de caminos y bandoleros. En suma, dice Speckman, osciló entre la legalidad y la apariencia de la legalidad.

La segunda etapa (1888-1908) acentuada por un centralismo personalista y autoritario parte de tres figuras. Joaquín Baranda fue ministro de Justicia y representaba a los liberales de la etapa de la reforma.  José Yves Limantour fue ministro de Hacienda y miembro del grupo de los científicos, profesionistas fundadores de la Unión Liberal. Ésta en su política científica planteaba que el método científico debía aplicarse al estudio de la sociedad. Bernardo Reyes fue ministro de Guerra y representaba a los porfiristas clásicos. Durante algunos años Días logro mediar pero la ruptura fue inevitable. En esta segunda etapa resulta más obvia la violación de los poderes legislativo y judicial; la centralización se reprodujo a los estados y se recrudeció el control y la represión de los opositores del régimen. Imagen

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