Yerma vs Juán

No eres tú, Soy yo

Reabriendo el Caso Yerma vs Juan

El presente trabajo tiene como finalidad someter la obra teatral Yerma de Federico García Lorca al método hermenéutico de Paul Ricoeur. Al responder a las preguntas ¿Como funciona el texto?, ¿De que habla el texto?, ¿Que me dice el texto? y ¿Como he leído el texto?, se le dará desarrollo a la siguiente tesis: Puede utilizarse, al reinterpretarlo, el texto que principalmente evidencía al personaje de Juan como el culpable de la incapacidad de Yerma de procrear, como fundamento para poner en duda esta tradicionalmente supuesta culpabilidad.

¿Como funciona el texto?

Yerma es la segunda de las obras de la trilogía rural lorquiana (Varela, 2009) y fue escrita a sólo un par de años de su fusilamiento por tropas franquistas al estallar la guerra civil. (Biografias y Vidas). Bajo una profunda influencia de su infancia granadina, Lorca retrata mediante la alternancia entre verso cerrado y libre, las frustraciones de una mujer de campo (Yerma) al no poder concebir un hijo. A lo largo de la tragedia que inevitablemente desemboca en la muerte de su esposo (Juan), se desarrolla una interesante subtrama en la cual el lector busca descubrir al responsable de la falta de descendencia de la pareja. Es dentro de tres actos donde supuestamente se pueden encontrar las pistas sobre la cuestión. En el primero se plantea entre líneas la relación moderadamente tensa de la pareja porque tanto Yerma como el resto de sus conocidos, a causa de los dos años y veinte días de su casamiento sin engendrar, presionan a Juan para consolidar su familia. A pesar de no demostrar ni un fragmento del interés que externa Yerma sobre el tema, no se muestra tampoco una clara negativa frente al mismo, como sí, se evidencía un claro recelo de su propiedad y de su honor. Mas adelante en el segundo acto el coro de lavanderas plantea propiamente el propósito de dar razón a la fuente del conflicto. Para la deixis han transcurrido ya cinco años del casamiento y la pareja continua sin procrear. Para prevenir que Yerma halle consuelo en los brazos de otro hombre, Juan procura que sus hermanas sigan sus pasos pero el objeto de tentación de Yerma, por su propio bien, se retira del conflicto. Es en el tercer acto donde tras los fallidos intentos de Yerma por remediar su condición vía medios espirituales que Juan externa su permanente deseo de continuar sin descendencia. Desafortunadamente este hecho no responde eficazmente a la pregunta principal: ¿Quién es el responsable de la infertilidad de la pareja? ¿Es a caso alguno de los dos biológicamente incapaz de procrear? ¿Basta desear no tener hijos, o el estrés para no tenerlos? En los apartados siguientes evidenciaré las razones por las que considero no hay suficiente información dentro del texto para inclinar la respuesta de un lado o del otro.

¿De que habla el texto?

Como el los otros dos textos de la trilogía, el tema central de Yerma es el de la mujer frustrada. (Edwards) La frustración del personaje principal femenino proviene de su incapacidad de concebir como lo debería hacer, al menos en su forma de pensar:

La mujer de campo que no da hijos es inútil como un manojo de espinos, y hasta mala, a pesar de que yo sea de este desecho dejado de la mano de Dios.

Por esta razón durante la obra, Yerma, se aproxima a distintas fuentes de información o de ayuda para remediar su situación. De este modo se le hace pensar al lector al menos durante los primeros dos actos que ella es responsable de la infertilidad. Sin embargo Lorca de asegura de arrojar pequeñas pistas que llevan a dudar de esta conclusión. Por ejemplo durante una conversación que ella tiene con Víctor, su enamorado de la infancia, él, animándola a que se haga de críos insinúa que es Juan quien debe tomar cartas en el asunto:

(…)Dile a tu marido que piense menos en el trabajo. Quiere juntar dinero y lo juntará, pero ¿a quién lo va a dejar cuando se muera? Yo me voy con las ovejas. Dile a Juan que recoja las dos que me compró, y en cuanto a lo otro, ¡que ahonde!

Del mismo modo durante una charla con una vieja afortunada de tener una familia numerosa deja escapar dos planteamientos igualmente sobresalientes. El primero insinúa que es su falta de pasión a la hora de intimar con su marido la que la previene de preñarse:

(…)Quizá por eso no hayas parido a tiempo. Los hombres tienen que gustar, muchacha. Han de deshacernos las trenzas y darnos de beber agua en su misma boca. Así come el mundo.

La segunda insinúa que hay hombres cuyo linaje les dificulta fecundar a su pareja:

Aunque debía haber Dios, aunque fuera pequeñito, para que mandara rayos contra los hombres de simiente podrida que encharcan la alegría de los campos.

Si la vieja esta en lo correcto de suponer que Juan es uno de estos hombres, nada que hiciera Yerma podría cambiar la situación.

Acompañando al cambio de acto viene la intervención de las lavanderas. Oculto dentro de su labor de poner al tanto al lector de la situación pasados tres años, su acalorada discusión las lleva a reflexionar sobre las razones de la situación familiar de los protagonistas. Por un lado están aquellas que la defienden pero sin sustento aparente:

(…) Ella no tiene hijos, pero no es por culpa suya.

Por otro lado están las que asumen que es su relación con Víctor la que la mantiene alejada de su propósito:

Tiene hijos la que quiere tenerlos. Es que las regalonas, las flojas, las endulzadas no son a propósito pare llevar el vientre arrugado. (Ríen.)

Es en este mismo acto que durante una discusión con su esposa, Juan, revela por primera vez de su propia boca un desinterés al respecto:

Siempre lo mismo. Hace ya más de cinco años. Yo casi lo estoy olvidando.

Sin embargo, aunque se muestra renuente en insistir intentando tener un hijo propio no descarta la idea de traer a la casa a vivir a un sobrino. A Yerma no le parece la idea y con sus insistencias obliga a su marido a declarar:

Lo que pasa es que no eres una mujer verdadera y buscas la ruina de un hombre sin voluntad.

De este modo Juan se deslinda de la responsabilidad y pone en la mesa la posibilidad de que verdaderamente sea ella la causante de su propia desgracia. Probablemente iluminada por este comentario es que decide buscar ayuda en una

romería, donde la encargada realiza en ella un ritual de fertilidad en ella. Es ahí donde revela que así como su marido la culpa a ella, ella culpa a su marido:

Cuando me cubre cumple con su deber, pero yo le noto la cintura fría como si tuviera el cuerpo muerto y yo, que siempre he tenido asco de las mujeres calientes, quisiera ser en aquel instante como una montaña de fuego.

Del mismo modo y sin saberlo, se anticipa a la respuesta que le dará mas adelante su marido:

No sufre. Lo que pasa es que él no ansía hijos.

Finalmente es la vieja durante una ultima conversación con Yerma la que le asegura que es Juan el incapacitado para procrear:

(…)La culpa es de tu marido. ¿Lo oyes? Me dejaría cortar las manos. Ni su padre, ni su abuelo, ni su bisabuelo, se portaron como hombres de casta. Para tener un hijo ha sido necesario que se junte el cielo con la tierra. Están hechos con saliva. En cambio, tu gente no. Tienes hermanos y primos a cien leguas a la redonda. (…)

Este texto es particularmente importante y complicado de discernir. Por un lado la vieja, que sin duda conoce la genealogía de ambos, no duda de la infertilidad que corre por la sangre de Juan, pero dependiendo de la lectura que se le dé, puede en si mismo derrocar la propia teoría. Pero de esto se hablara en el apartado siguiente. El único comentario restante de relevancia al tema es en el que Juan confiesa abiertamente su preferencia por mantenerse sin descendencia y que lleva a Yerma a perder la cabeza y a asesinarlo:

(…)Muchas mujeres serían felices de llevar tu vida. Sin hijos es la vida más dulce. Yo soy felíz no teniéndolos. No tenemos culpa ninguna.

Una vez extraídas las intervenciones claves sobre la infertilidad que abate a la pareja se puede llegar a la primera conclusión de que Ingeniosamente García Lorca pretendió hacer pasar a Yerma como la estéril hasta que suficientes personajes elucidaran el verdadero origen de su sufrimiento, pero como se verá en el apartado siguiente es posible descartar mucha de la información que se da en contra de Juan abriendo así de nuevo la duda sobre su verdadera colaboración al conflicto.

¿Que me dice el texto?

En contra de Juan hay dos grandes argumentos. El primero supone que el marido de Yerma heredo una condición que le impide fecundar y el segundo que de algún modo su desinterés por tener hijos influyó en esta misma capacidad. A mi parecer estos dos planteamientos no deberían ser dos sino posibles variantes del mismo problema. Suponiendo que en efecto en su familia haya una tendencia de esta naturaleza y que sea heredable, seria de este modo posible argumentar que en lugar de un problema genético también pudiese tratarse de una actitud aprendida.

En pocas palabras la infertilidad es la incapacidad de embarazar o ser embaraza y en el caso de los hombres se puede deber a una disminución en la cuenta de espermatozoides, el bloqueo de su paso, o defectos en ellos. (Infertilidad, 2014) Una lectura que se le puede dar a los comentarios de la vieja sobre como la familia de Juan es de simiente podrida, de poca casta, hizo falta que se juntara el cielo y la tierra para tener un hijo y que esta hecha de saliva se puede referir metafóricamente a la deficiencia de sus espermatozoides y aunque no había pruebas disponibles, se sobreponía la sabiduría de la anciana a la ciencia y daba en el clavo sin saberlo. Pero hay también un contraargumento oculto en sus mismas palabras: si la familia de juan estaba incapacitada para procrear, ¿cómo es que su linaje se menciona hasta su bisabuelo?

Desde el principio se plantea a Juan como un personaje con mentalidad visionaria y emprendedora además de que se distingue por sus habilidades en el negocio. Suponiendo que fue su familia la que le inculcó estos valores, ¿no seria posible que también haya adoptado asimismo hábitos reproductivos de su línea familiar? Retomando las mismas palabras de la vieja, cuando habla de haberse comportado con “poca casta” parece mas un comentario actitudinal que uno accional. Una mujer de aquella comunidad que se emparejase con un hombre decidido a mantener su descendencia limitada para proteger su capital, podría sentirse defraudada al no cumplir sus expectativas de formar una numerosa familia, como era costumbre y pensar que hizo falta que se juntase cielo y tierra cuando llego el primero. De un modo similar, la saliva que se menciona puede ser una metáfora de la planeación familiar u en otro caso de la adopción (lo cual probablemente eliminaría del mapa cualquier problema genético como la impotencia).

Si se toma esto en consideración sumado al hecho de que en algún punto del conflicto se vio frustrado por su surte y en otro consideró la adopción del hijo de algún familiar, de nuevo pone en duda la responsabilidad de Yerma en todo el asunto. Es probable que en un principio esperara que naturalmente llegara un descendiente a quien heredar su hacienda pero con el paso del tiempo y al darse cuenta de lo cómodo que era vivir sin preocupaciones, terminara dándose por vencido y tomándolo por el lado positivo, situación a la que Yerma no le pudo hacer segunda. ¿Es posible que Yerma fuera la persona incapaz de procrear durante el tiempo en el que Juan era indiferente al respecto y que los comentarios en su contra hallan su fundamento en ideas rurales retrógradas? De este modo se vuelve a abrir el cuestionamiento de sobre quien recae la infertilidad de la pareja.

¿Como he leído el texto?

A manera de cierre cabe mencionar que a ha sido bastante leído y enunciado el punto de vista del personaje de Yerma. Para este trabajo hizo falta ponerse en los zapatos del supuesto antagonista y planteársele como un personaje complejo y redondo, como lo exigen las tragedias. Aclaro, no fue mi intención proclamarme como el sujeto que posee la verdad. Por el contrario reconozco que las posturas contrarias poseen mucho mas estudio y sustento y que es probable que aquellas sean las lecturas óptimas. Mediante este trabajo tan solo se pretendía recordar que la problemática argumental es una rica fuente de interpretación que esta sujeta a espacios y temporalidades particulares. En esta lectura se pretendió refrescar el ya tan saturado panorama de lecturas superficiales y limitadas en su creatividad a través del uso de un imaginario en el que los personajes tienen un profundo bagaje existencial y que no se limitan a la s limitantes de la obviedad. Al comparar los dos puntos de vista y tratando de deslindar responsabilidades espero haber expuesto de manera satisfactoria el porqué se considera tan fácilmente y en primera instancia a Juan infértil, y que hay manera de dar la vuelta a esa suposición al prenderse de los vacíos de los pasajes del texto en los que cabe la interpretación. De esta manera el texto que evidenciaba su culpabilidad fue utilizado como el argumento de su posible redención.

Bibliografía

Lorca, F. G. (1934). Yerma. Madrid, España.

Biografias y Vidas. (s.f.). Federico García Lorca. Recuperado el 27 de 4 de 2015, de Biografias y vidas: http://www.biografiasyvidas.com/biografia/g/garcia_lorca.htm

Edwards, G. (s.f.). Yerma. Recuperado el 27 de 4 de 2015, de El mundo de la reflexion: http://www.elmundodelareflexion.com/index.php/obras/analisis/281-analisis-yerma-de-federico-garcia-lorca-nuevo

Infertilidad. (2014). Recuperado el 26 de 4 de 2015, de Medline Plus: http://www.nlm.nih.gov/medlineplus/spanish/ency/article/001191.htm

Varela, Á. V. (2009). El concepto de tragedia en la trilogía rural lorquiana. Recuperado el 27 de 4 de 2015, de parnaseo: http://parnaseo.uv.es/Ars/Stichomythia/stichomythia9/Lorca.pdf

 

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Bodas de Sangre (Federico García Lorca)

He de confesar, a riesgo de que alguno de ustedes, estimados lectores, descargue la ira que les inspire estrellando su cabeza contra la pantalla del computador, que “Bodas de Sangre” Jamas ha sido de mi predilección. Al contrario esta obra del maestrísimo Lorca me parecía sosa y, cuando a la luna le brota lo sádica, frustrante. Si bien pueden decirme que nunca la leí de buen humor o que mi imaginación diezmada por el hastío me impedía apreciar la sutileza de las punzantes palabras del autor, no es hasta ahora que me doy cuenta de ¡oh, que equivocado estaba! En verdad lamento ser tan sordo y acepto los porrazos que me merezco. Dispongan de la libertad de reprocharme cuando me los encuentre, todos mis allegados que se toparon con pared cuando solo trataban de hacer de mí una mejor persona.
No creo, y ciertamente espero no ser el único, porque de lo contrario me sentiría aún peor que como ahora, que cuando se le encarga repasar un tema que ya se ha visto y por cualquiera que sea la razón ha quedado con mal sabor de boca, ejercita el musculo, ya morbosamente crecido, de la desidia. Ha más de un mes que tengo que leer de nuevo esta obra y como se podrán imaginar pretextos no han faltado para posponer lo inevitable. Que desdicha es despertar a las diez de la noche (de una siesta nada reparadora de un par de horas) un día antes del compromiso sin haber leído de regreso siquiera el título. –He aquí un mal consejo, si se es estudiante a cualquier grado y se espera más que una vida mediocre hacer caso omiso a este penoso atajo.- Sin duda le pude haber terminado de repasar en una hora, hora y media a lo más; -pero que fastidio- pensé entonces. Por sorprendente que parezca, estoy agradecido de esta actitud tan egoísta porque, de haber sido yo medio gramo más honesto o medio centímetro menos presuntuoso, jamás hubiera dado con la pieza de arte que al menos por esta noche me movió el tapete al grado de declararme abiertamente en búsqueda de montarla alguna vez.
Más probablemente que quizá, mi manera de evaluar un espectáculo haga arrancarse los pelos de la cabeza a más de una comunidad de letrados. Miro con desdén las obras pretensiosas (me han dicho que porque me veo fácilmente en ellas y simplemente no me gusta lo que veo cunado me veo en lo que veo) que si ricas son en forma, como molusco enconchado son huecas o babosas. Atesoro, en contraparte, las experiencias que solo con el nombre me llenan el pecho de emoción, deja aún las imágenes, deja aún los parlamentos, deja aún los personajes, los vestuarios, la escenografía y mi muerte en vida que es la música. En la adaptación de “Bodas de Sangre” para la televisión española de 1986 se encuentra uno de primera instancia con una escenografía robusta, muy apropiada para las espectaculares actuaciones de Gemma Cuervo, Gloria Muñoz, y Blanca Portillo como la mujer e Leandro, sin dejar de lado, claro, a sus contrapartes masculinas. Es solo que son ellas y las mujeres de la tropa que con sus cantos me embebaron durante toda la función en un aura de esa cotidianidad antigua que hace tanto ya no se usa. Debo un tremendo respeto a la dirección de José Luis Gómez que me tenía, a mi sorpresa, lacrimando en cada intervención musical y aplaudiéndole al aparatejo semimetálico donde reproduzco los videos de You Tube.
No digo más. Temo haberlos aburrido con mi palabrería. Sin embargo los dejo con esta recomendación: Miren esta delicia. Mírenla y exijan más teatro como este en México. No se conformen con producciones medianamente aceptables. Pidan este nivel de calidad porque ustedes como público se lo merecen. -¿Que nosotros los actores nos morimos de hambre..?- ahora entiendo que esta es la forma de ganarse el pan de cada dia.